EL FILO DE LA NAVAJA

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El filo de la navaja

Dios mío, el día brilla luminoso sobre la tierra;
Para mí el día es negro.

Súplica – poema sumerio

Fuego, tu clara y brillante llama
hace luz en la casa de la oscuridad


La Creación – poema sumerio

Solamente tu me entenderás
aunque núnca has oido
los gritos de los torturados.
Tu sano corazón tendrá
un albergue para mi.

Hoy, aturdido e imprudente, veo mi herida eterna,
mi hogar oscuro.
No quiero ver bocas masticando comida,
ni oír de medallas para el buen trabajo,
ni quiero ver la tarde
que alarga su estadía esperando mi mirada.

Me dicen que escribo palabras salvajes.
Tu eres la única que entenderá
que las palabras son la última trinchera
que habito en esta vida que autodestruye
porque no llega el reino de los pingüinos.

Así quedamos en el reino de las voces profundas
que no se habita por seres
sino por procesos y rituales,
es un contenidor para mentirosos.

Cuántas veces he apuesto
mi vida y arriasgado todo
para que se cierre aun una boca mentirosa.

Tirado en un corridor
después de una sesión de tortura,
de colgaduras, látigos metálicos, ruido infernal
y de gritos de “hable, hable”,
esperando que salgan y lean el veredicto,
las escenas de mi vida se encogían,
los sonidos se morían
y las fragrancias se marchitaban.
Era la espera de su “sí” o “no”.
“Por rehusarte de hablar” serás ejecutado
o sacado de acá a patadas
y tirado bajo el sol quemador.

Quedaba bajo el sol
en medio del salvaje belleza de esta tierra
que ciegamente obedece normas caóticas
de estar, vivir y morir;
acá donde la raza de inquisitores,
ah, como se prospera aún
después de miles de años;
raza arrogante desconocedora
de los frutos de la mente;
raza que anda por allí condenada
a inspeccionar campos oscuros
entre sus muros de la infamia,
de la separación y encarcelación,
en esta tierra noctambulante e infelíz.

Acá en este paisaje de dioses malvados
de señores de horca y cuchillo
paso mi condena en una caja,
mi horizonte reducido es un círculo
de unos pies de aire azul.
No veo el paisaje del pasado,
ni oigo los heraldos de un futuro.

Solo tú mi angel de vida y muerte,
de resurrección y restauración,
tienes el último poder
de un dios bondadoso.
Tu andas en su misión arrasando
las obras del mal, golpeando
los regimenes de la escalvitud.
Solo a tus ojos es visible mi futuro,
mi vida o muerte.

Liberenos! Libereme y multitudes de condenados.
¿Qué estarás esperando y contemplando?
Su clemencia? Yo la rechazo, también su comida fatal,
sus palabras hostiles, frutos de sus mentes podridas.

Siendo fiel a ti misma y a tu dios bondadoso
sea la heralda del retorno de la luz y vida
a esta tierra y sus especies desdichadas,
del fin de la nefasta tiranía.
Diga “sí” y libera el segundo deluvio
que llevará estas Sodomas y Gomorras.

Devuelveme!
Devuelve mi atormentado espírito
a la epoca legendaria de mi padre Abraham.
Alegrete por mi, concedeme una mirada,
dejame ser un fauno, pastoriando con bestias inocentes.


Anwar Al-Ghassani
San José, jueves, 26 de febrero del 2004